Cuando los viajes y su memoria se proyectan al presente
Estoy sola, por así decirlo. Cómoda, desayunando, y cediendo a la tentación de releer, distraída, este blog que tengo tan abandonado.
Sorpresa y de las grandes. No suelo releer los comentarios de las primeras entradas, suponiendo que siguen siendo aquellos que ya contesté en su momento, pero hoy lo estoy leyendo todo. Y sí, esos comentarios han crecido, y aquellos que los han escrito deben pensar, a estas alturas, que el blog está abandonado, cielos...
Siento que algunas entradas fueron semillas y hoy estoy viendo los brotes de un hermoso árbol.
Me refiero, especialmente, a lo que empecé y nunca acabé (je, qué raro en mí...) sobre los viajes de Indonesia.
Durante bastante tiempo tras el regreso a España en el año 84, seguí manteniendo contacto con algunos de los amigos y amigas que conocí allí, y me he encontrado por las calles de Madrid con gente que tiene una memoria fotográfica prodigiosa, jajaja, si contamos que el tiempo pasa para todos. Por supuesto, a través de mis padres he ido sabiendo algo de las vidas de sus amigos también. Y luego están esas situaciones "pañuelo" en las que me he reencontrado, puro azar, con gente que estuvo allí y el encuentro actual era por motivos profesionales. Hasta me ha pasado salir una noche a tomar algo y que una chavala alta y simpática me parara en la acera para decirme mi nombre y hasta apellidos.
Un - ¿no te acuerdas de mí?, claro, yo entonces era "de los pequeños", ¿qué tal están tus hermanos?
Increíble. Habían pasado casi doce años...
Volví a ver a Santi en la cafetería de la Politécnica de Madrid, una conversación corta pero jugosa. Seguían siendo unos aventureros, cómo no. Y supe que Santi y Emma habían tenido a una preciosa pequeña que hoy ya será una preciosa adolescente. Supe de los programas de aprendizaje que programaba y desarrollaba Santi para educadores a distancia, de viajes a China y documentales...me encantaría verles de nuevo hoy, desde esta otra perspectiva que da el tiempo.
Sí, rememorar...y hacer de aquellos viajes otro viaje nuevo.
Ojalá y mi memoria no fuera un gran queso Gruller. Puedo ver mentalmente mi defragmentador mental intentando recolocar pequeños cuadraditos de color verde oscuro en espacios en blanco con una cierta coherencia...y gruñendo con el esfuerzo, claro...
Ahora toca seguir esa narración a la que apenas llegué a una tercera parte, necesito un poco de tiempo y resituarme de nuevo en ese estado emocional de semitrance que puede lograr rescatar caras y sonidos, momentos, recuerdos que no quiero hacer bola de nieve desordenada, sino copos, muchos copos individuales y claros.
Os recuerdo a muchos, a veces un tanto borrosos, a veces con una claridad sorprendente.
Alicia y Laura, recuerdo a una chica de pelo trigueño y larga trenza a la espalda, callada y de grandes ojos, sentada a la puerta de su casa, ya en el jardín de grama aquel que había en todas las entradas. Y a su hermana de pelo más corto, también silenciosa, con una sonrisa muy hermosa. Recuerdo que ya éramos muchos cuando llegásteis, que no coincidimos mucho tiempo, sí el suficiente para charlar y hasta para entrar a la selva juntas. Yo no había ido al instituto porque llevaba allí ya un año y pico y de hecho nunca iría a ningún instituto a la vuelta a España. Vosotras representábais para mí, en aquel momento, un mundo que desconocía, como si hubiera vivido y siguiera viviendo en una burbuja). Recuerdo a todos los que participamos en Eloisa está debajo de un almendro. Mis papeles fueron pequeños, hice dos, fui Práxedes con su bandeja y su cofia y su hablar rapidísimo, y fui uno de los chulapos del cine (aquel bigotillo que me pinté con lápiz de ojos y que el sudor de los nervios desvaía hacia una de las comisuras, inmisericorde...). Y también recuerdo vagamente el accidente de vuestro padre, creo que fue una caída tremenda??? Celebro que habléis de él en presente!!
Soy Susana. Nosotros, creo que ya lo he contado por algún lado, somos tres hermanos, la pequeña se llama Paloma, el mediano (allí disfrutó como un enano) se llama Miguel Angel.
Fran, Juan, recuerdo los partidos de rugbi en la plaza, jajaja, en aquel septiembre de retorno en que vosotros ya estabais allí y de pronto éramos tantos, tantísimos, se habían terminado casi de urbanizar nuevas zonas que no conocía. Realmente aquello fue enorme. Y hasta creo que recuerdo a Mila!!!
Siento el fallecimiento de vuestro padre.
También nosotros hemos perdido al nuestro. De hecho, fue la enormidad de Indonesia y sus preocupaciones lo que supuso para él el principio de un desgaste físico tal que le llevó a pasar varias veces por el hospital desde entonces. Su corazón luchador, pero humano, ya dio saltos y sustos en Dumai.
Carmiña, jajaja, recuerdo haberme enfundado en aquellas telas taaaan largas para dar clases de baile indonesio, el temblor de rodillas, el tremendo cansancio de las piernas, la postura de los brazos, ese pasear en diagonal una y otra vez de esquina a esquina en aquel salón?, flexionada, sonriendo, temblando...fuiste una valiente!!
Tengo algunas fotos, intentaré escanearlas, os animo a seguir en este blog, hagamos este viaje de la memoria juntos...
De todas formas me podéis encontrar en
minna@gmail.com
Apunto vuestras direcciones de correo, os escribiré, seguro.
Y perdonad el retraso al contestaros, habéis sido una muy grata sorpresa, gracias por ello...





